La hipercolesterolemia se ha identificado claramente como uno de los principales factores de riesgo cardiovascular en los años 1970-1980 gracias a numerosos estudios epidemiológicos de gran envergadura como el de Framingham(1), el estudio MRFIT (Multiple Risk Factor Intervention Trial)(2) o incluso el Documento de Control de la Colesterolemia en España 2000(3), que aportan numerosas pruebas sobre la existencia de una correlación positiva y continua entre el nivel de colesterol plasmático y la morbimortalidad cardiovascular.
Estos estudios basados en datos experimentales y clínicos han contribuido a evidenciar el papel del colesterol transportado por las lipoproteínas de baja densidad (LDL) en la patogénesis de la aterosclerosis. Esto ha llevado a considerar el nivel de colesterol LDL como el parámetro más importante del balance lipídico, mientras que el nivel de colesterol HDL aporta una información predictiva adicional.
De forma paralela a la evolución de los conocimientos sobre la hipercolesterolemia, en los años 90 se impuso el concepto de riesgo cardiovascular global. La evaluación del riesgo que posee cada individuo se deduce actualmente de la suma y de la importancia de cada uno de los factores de riesgo de esta afección multifactorial.
Las recomendaciones publicadas en el nuevo Documento de la Colesterolemia en España, 2000(3), reflejan la esencia de los avances realizados en estas últimas décadas. En lo que se refiere a las dislipidemias, el tratamiento está codificado según valores umbral de colesterol LDL diferentes dependiendo de la coexistencia de otros factores de riesgo cardiovascular y también tiene en cuenta la situación: prevención primaria o secundaria.
Por otro lado, los beneficios esperados de la intervención terapéutica están bien establecidos. El exceso de colesterol LDL es el factor de riesgo cardiovascular modificable para el cual está mejor documentada la eficacia de una intervención terapéutica. Esto afecta tanto a las medidas dietéticas como a las farmacológicas y a la prevención primaria como a la prevención secundaria, a través de numerosos estudios de morbimortalidad(1-3).