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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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2.- Krauss RM, Eckel RH, Howard B, et al. AHA dietary Guidelines: revision 2000: A statement for healthcare professionals from the Nutrition Committee of the American Heart Association. Circulation, 2000;102:2284-99.

3.- Gardner CD, Coulston A, Chatterjee L, Rigby A, Spiller G, Farquhar JW. The Effect of a Plant-Based Diet on Plasma Lipids in Hypercholesterolemic Adults, a Randomized Trial. Ann Intern Med, 2005;142:725-733.

4.- Jones PJ. Clinical nutrition: 7. Functional foods-more than just nutrition. Canadian Medical Association Journal, 2002;166(12).

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13.- Awad AB, Fink CS. Phytosterols as Anticancer Dietary Components: Evidence and Mechanism of Action. J Nutr, 2000;130:2127-2130.

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El problema de la hipercolesterolemia: ¿podemos hacer algo más por nuestros pacientes?

Fuente: Dr. B. Romero Ferrer
Médico Especialista en Cardiología y Cirugía Cardiovascular
Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona
Resulta evidente que concentraciones elevadas de LDL (lipoproteína de baja densidad) son un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Por tanto, modificar la dieta es una primera manera de actuar para controlar y tratar dichas enfermedades (1,2).

Durante décadas hemos pensado que la modificación debía consistir en eliminar las grasas saturadas y el colesterol de la dieta, pero se ha demostrado que esta es una idea simplista. Hay varios ejemplos de dietas cuya diana era el control de LDL y que solo mostraron una modesta mejoría en el control lipídico haciendo pensar, en ocasiones, que hacer dieta era una terapia inefectiva.

Efectivamente, recientes estudios sugieren que más beneficioso que eliminar el colesterol de la dieta es incluir en ella ciertos alimentos que alteran el metabolismo y la absorción de las grasas (3).

Estos alimentos entran a formar parte de la familia de los ?alimentos funcionales?, es decir, aquellos que no solo aportan nutrientes, sino que además aportan un claro beneficio fisiológico para su consumidor (4), o lo que es lo mismo, el consumo de alimentos funcionales reduce el riesgo de sufrir una determinada enfermedad.

Un ejemplo de dichos alimentos funcionales lo constituyen aquellos que incorporan esteroles vegetales. Los esteroles vegetales son químicamente semejantes al colesterol y actúan en el intestino delgado, inhibiendo de manera competitiva la absorción del mismo (5-7). Sin embargo estos esteroles vegetales no se pueden sintetizar en el organismo humano y por esta razón deben añadirse a ciertos alimentos.

Los esteroles vegetales más frecuentes son el ß-sitosterol, el campesterol y el estigmasterol. La dieta occidental aporta unos 80 mg de esteroles, mientras que una dieta vegetariana aporta 345 mg y la dieta japonesa 400 mg. Las fuentes más importantes de esteroles son los aceites de plantas, semillas, frutos secos, legumbres y frutas.

Ya al principio de la década de los 50 se observó que dichos compuestos reducían los niveles séricos de colesterol. Con su consumo disminuimos la concentración de colesterol en nuestra sangre, por lo tanto, estamos ya actuando en la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Debemos tener en cuenta que, en condiciones normales, más del 95% de las grasas que ingerimos con la dieta son procesadas y absorbidas. Bloquear dicho proceso puede ser muy beneficioso en personas con hipercolesterolemia o en pacientes que ya han sufrido un evento cardiovascular como prevención secundaria (8,9).

Actualmente los esteroles vegetales se incorporan a ciertos alimentos y en este proceso se esterifican, creando ésteres de colesterol, los cuales aumentan la solubilidad para los lípidos. Al principio de la década de los 90 se documentó que el éster de sitostanol administrado en forma de margarina reducía en un 10% los niveles de LDL en sujetos con hipercolesterolemia y en individuos con alelos E4 para la apolipoproteína.

Trabajos posteriores han establecido que la eficacia máxima para reducir los niveles de LDL y de colesterol total se consigue al ingerir dos gramos al día de esteroles vegetales, sin afectar prácticamente a los niveles de HDL ni a los triglicéridos. Con estas dosis los niveles de LDL se reducen entre un 9 y un 20%, al menos 0.5 mmol/L para sujetos entre 50 y 59 años y 0.4 mmol/L para sujetos entre 40 y 49 años. Así, podríamos esperar hasta un 25% de reducción del riesgo de enfermedad coronaria en la población general simplemente con el consumo esteroles vegetales.

Estos trabajos han demostrado que el consumo de esteroles vegetales es eficaz tanto en individuos normolipémicos como en pacientes dislipémicos, incluyendo a los que reciben tratamiento con inhibidores de la HMG-CoA reductasa. Más aún, la ingesta diaria de entre 1.8 y 3 gramos de esteroles en niños ha demostrado reducir los niveles de LDL a un nivel similar al de los adultos.

Mención especial merecen los pacientes que son diabéticos. La diabetes tipo 2 se asocia con otras alteraciones metabólicas, que incluyen la hiperinsulinemia, la resistencia a la insulina, la disfunción de las células ß del páncreas, la obesidad y la dislipemia. Varias alteraciones de los lípidos son frecuentes en pacientes diabéticos, como la hipertrigliceridemia, la reducción del HDL colesterol y el aumento del VLDL. Sin embargo, la elevación de LDL en pacientes con diabetes tipo 2 no es un hallazgo uniforme. El riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular es de 2 a 7 veces mayor en pacientes con diabetes tipo 2 que en personas no diabéticas. El mismo riesgo de sufrir un infarto de miocardio tienen los pacientes diabéticos sin historia de enfermedad cardiovascular que los pacientes no diabéticos pero que ya han sufrido un infarto. En un reciente estudio (10) se ha demostrado que el consumo de esteroles vegetales reduce los niveles de LDL en pacientes con diabetes tipo 2, reduciendo el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular en dicha población.

Además, el impacto del consumo de esteroles vegetales sobre los niveles de LDL es independiente del tipo de dieta que se siga. Como ya hemos citado, dicho impacto se consigue, en parte, al inhibir la absorción del colesterol. Los esteroles vegetales se diferencian del colesterol en un grupo metilo o un grupo etilo en las cadenas laterales. Estas diferencias les hacen muy poco absorbibles. De hecho, menos del 5% de la ingesta de tales compuestos es absorbida. También conocemos que algunos, como el sitostanol, no se absorben en el yeyuno proximal. La inhibición de la absorción del colesterol se produciría al competir los esteroles vegetales por los lugares específicos de absorción del colesterol en el yeyuno proximal.

Pero hay más efectos fisiológicos atribuidos a los esteroles vegetales. Efectivamente, presentan una actividad antiinflamatoria, modulan los fenómenos de inmunidad (11) y hasta tienen propiedades anticancerígenas. Estas propiedades se han estudiado en el cáncer de próstata (12,13) y en el de mama (14,15).

Efectivamente, cuando se añade ß-sitosterol a células LNCaP (una línea celular de cáncer de próstata humano), el crecimiento celular se reduce hasta en un 24%. El ß-sitosterol también inhibe el crecimiento de células MBA-MD-231, una línea celular del cáncer de mama. Es bien conocido que en Japón, donde el consumo de esteroles vegetales es elevado, la incidencia del cáncer de mama es baja. Otros esteroles vegetales inhiben el crecimiento de células HT-29, relacionadas con el cáncer de colon. Y, además, el tratamiento con ß-sitosterol de pacientes varones afectos de hiperplasia benigna de próstata mejora los síntomas urológicos y las medidas de urodinámica.

El por qué de las propiedades anticancerosas de los esteroles vegetales no se sabe a ciencia cierta. Sin embargo, las investigaciones realizadas nos hacen pensar que alteran las vías de señalización celulares, en particular, la vía de la esfingomielina. La activación de tales vías puede influir el crecimiento celular y alterar varios procesos como la diferenciación celular, la interacción célula-célula y la apoptosis de las células tumorales. La incorporación de esteroles vegetales en las células cancerosas humanas reduce la esfingomielina de la membrana celular, sugiriendo una activación del ciclo de la esfingomielina.

Si estamos hablando de los beneficios que nos puede reportar el consumir esteroles vegetales, por otro lado nos podríamos preguntar si su ingesta puede tener, también, algún efecto nocivo para nuestra salud. La respuesta, rotundamente, es no. Se ha estudiado el efecto de su consumo sobre la función hepática y se ha demostrado que no se altera en absoluto (16).

El único caso potencialmente problemático es el de las vitaminas liposolubles, como la A, la D y la E, que pasarían a absorberse menos, lo que podría ser contraproducente en niños. No hay datos respecto al consumo de esteroles vegetales durante el embarazo y la lactancia, por lo que sería prudente desaconsejarlos.

Hoy en día se pueden encontrar en el mercado diversos alimentos que contienen esteroles vegetales. Recientemente se ha publicado un estudio (17) que evaluó el efecto del consumo de un equivalente de 1.6 gramos al día de un esterol, consumido en forma de yogur, pan, cereales, y leche, sobre los lípidos y carotenoides en plasma de pacientes con hipercolesterolemia moderada. Aunque consumidos en cualquier forma redujeron significativamente los niveles de LDL-colesterol y de colesterol total, el máximo beneficio se observó cuando los esteroles se consumían en forma de leche.

A pesar de que estamos ya viviendo en el año 2006, la Medicina no es una ciencia exacta. No todo se puede curar, ni se podrá hacerlo tampoco en el futuro. Por lo tanto, siempre seguirá vigente la máxima de que es mejor prevenir que curar.

La prevención de la enfermedad cardiovascular es relativamente sencilla. Basta con realizar ejercicio físico de manera regular y modificar nuestros hábitos alimentarios. El mejor ejercicio que podemos hacer es, sencillamente, caminar. Caminar es una actividad física que no cuesta dinero y que se puede practicar en cualquier lugar y a cualquier hora.

Probablemente sea más difícil modificar la dieta de nuestros pacientes. Hoy en día mucha gente come fuera de casa por razones de trabajo y no puede comer ?lo que se quiere?, sino ?lo que hay?. Además, en el mundo occidental está muy extendida la idea del fast-food, claro ejemplo de lo que no es una dieta equilibrada, pero que puede ser un recurso para mucha gente que trabaja y que no tiene tiempo para cocinar.

Si no vamos a poder cambiar la dieta de nuestros pacientes, al menos les podemos recomendar que suplementen su dieta con alimentos que contengan esteroles vegetales. Ningún paciente se negaría a tomar, por ejemplo, un botellín de leche que contenga esteroles vegetales alegando falta de tiempo u otras razones peregrinas.

Como médicos y profesionales de la salud, debemos conseguir que nuestros pacientes confíen en nosotros. Nuestro consejo es insustituible, nosotros tenemos la formación y los conocimientos que permiten que la salud de nuestros pacientes no se deteriore. El aconsejarles el consumo de esteroles vegetales les puede resultar muy beneficioso.

Con los datos científicos de los que hoy disponemos, podemos asegurar que tal aseveración es verdadera y sin ambigüedades. Las personas que precisen reducir su colesterol total o LDL, debido a una hipercolesterolemia, o los pacientes que ya han sufrido un evento cardiovascular, son los destinatarios que más se van a beneficiar del consumo regular de esteroles vegetales.


Nota legal
 
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